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Sunday, January 13, 2013

ESTOY TRANQUILO






Pensé que no podría ocurrirme nunca.

Ni siquiera lo pensé. Y lo loco es que no sé si ya ocurrió o si todavía sigue pasando. No sé si esto recién empieza, si estoy a la mitad o a poco de llegar adonde tengo que llegar. Pero estoy tranquilo. Supongo que puede deberse a que recién empieza. Es un indicio. Un indicio que puede suplantar a la brújula. La brújula que rima con rúcula.

Podría cerrar los ojos un poco y pensar en el tipo que se metió dentro de un pozo seco por propia voluntad, porque sí, porque quería reflexionar.

Podría cerrar los ojos y no pensar en nada. Flexibilizar la tensión muscular hasta que el cuerpo se torne invisible y sucumba a las ráfagas de aire hirsuto. Aire de agujas de reloj que se escaparon de cientos de mecanismos rotos y van en bandada como los pájaros. Tal vez el Norte de nada que cantó Spinetta.

Las agujas de reloj no duelen cuando pinchan.

No existen porque atraviesan mi cuerpo. Aunque mi cuerpo exista.

No pasan porque no ocurren.

Las agujas de reloj no vuelan y yo no soy invisible. Entonces, como los orientales, respiro con la panza. Como los cantantes. Como los que duermen. La panza se hincha y se descomprime.  Todo vuelve a su lugar.

Estoy tranquilo.

Pensé que no podría ocurrirme nunca.

Quizá ahora me ocurra siempre.

Como los dientes.

Thursday, September 13, 2012

MÁQUINA DE SUEÑOS



Tengo una máquina de sueños que atormentan. En serio. Me vuelve loco. Funciona de noche, cuando por ciertos motivos tengo que permanecer despierto. A veces es insoportable. Los sueños se acumulan y molestan. Uno detrás de otro. A veces e integran entre sí y conforman una masa monstruosa. No sé de dónde salen… supongo que de mis frustraciones. El patrón parece ser el siguiente: cuanto más honda la frustración, más hermoso es el sueño.  Pobrecitas, es su método de supervivencia. Convertirse en sueños que simulan proyectos exitosos. Cuando la ensoñación desaparece, ahí están de nuevo, exhaustas, jadeando, babeando la camiseta.

Sería imposible detallar todos los sueños que surcan mi cabeza. Y además, me daría un poco de vergüenza contarlos. Son sueños un poco estúpidos para un tipo grande. Y lo más doloroso es creer que pueden ser posibles. De todos los sueños de grandeza y éxito que se nos cruzan por la cabeza, ¿cuántos son realmente viables? Los sueños, sueños son, dice el dicho. Pero hay que seguir soñando. Es un poco nuestro LSD espiritual. Nuestra dopamina. Además, mientras los sueños no se hagan realidad, conservan su pureza. Cuando por alguna razón palanquean la puerta y aparecen en el mundo real, se encuentran con que tienen que negociar el desembarco.  Y en la negociación se vuelven terrenales.

Pobrecitos.

Al principio lloran un poco y me contagian. Pero después del llanto nos olvidamos y aplicamos la filosofía del vaso medio lleno.

¿Cómo se desenchufa una maquina de sueños? ¿Cómo hacer para volarle los fusibles? ¿Por qué en las noches? ¿Por qué me atacan cuando me levanto a servirme un vaso de agua  o cuando me despierta el zumbido de un mosquito? ¿Adónde van los sueños cuando se dejan de soñar? ¿Quién soy yo sin sueños? ¿Por qué pienso en la locura como una aproximación a la respuesta?

Mejor una canción de Roy Orbinson. Mejor eso y el mundo real. 







Wednesday, July 25, 2012

PENSÉ QUE NO PODRÍA OCURRIRME


Pensé que no podría ocurrirme nunca. Ni siquiera lo pensé. Y lo loco es que no sé si ya ocurrió o si todavía sigue pasando. No sé si esto recién empieza, si estoy a la mitad o a poco de llegar adonde tengo que llegar. 

Pero estoy tranquilo. Supongo que puede deberse a que recién empiezo. Es un indicio. Un indicio que quede suplantar, o mejor dicho, llenar el vacío que deja la falta de una brújula. Brújula que rima con rúcula.

Podría cerrar los ojos y pensar un poco en el tipo de la novela de Murakami que se metió en un pozo seco por propia voluntad para reflexionar sobre sí mismo. Un par de días. Podría cerrar los ojos y no pensar en nada. Flexibilizar la tensión muscular hasta que el cuerpo se torne invisible y sucumba a las ráfagas de un aire hirsuto. Aire de agujas de reloj que se escaparon de cientos de relojes suizos y se dirigen en bandada como los pájaros hacía algún Norte. Tal vez el Norte de nada que cantó Spinetta. 

Las agujas de reloj no pinchan, no inyectan, no duelen. No existen porque vuelan y atraviesan mi cuerpo invisible e indivisible. No pasan porque mi cuerpo existe. No pasan porque ocurren. Las agujas de reloj no vuelan y yo no soy invisible. Entonces respiro con la panza. Como los orientales. Como los cantantes. Como los que duermen. La panza se hincha y se descomprime. Todo vuelve a su lugar. Estoy tranquilo. Pensé que no podría ocurrirme nunca. Quizá a partir de  ahora me ocurra siempre. Como los dientes. 

Thursday, April 26, 2012

CRÍPTICO


Demasiada realidad. Demasiado debate aquí y allá. Demasiada razón y poca fantasía. Los delirios místicos que a veces deslumbran y otras dan risa. Intento leer los versos satánicos de Salman Rushdie  pero me cuesta engancharme como sí lo venía haciendo con Robertson o Murakami. Hay una explicación simple que compacta toda la complejidad a una punta de iceberg un tanto suficiente: son momentos. O esa que se usa con los chicos: son etapas. Hacer radio apareció así de repente y la fantasía ahora se refugia en un texto audible y una voz con poca experiencia en locución. Un tic tac de reloj que molesta pero que quizá es el mismo que tenés en alguna de las paredes de tu dormitorio.

Miro este blog y pienso en las secciones que quedaron en desuso. Miro a los que cosechan fama vía You Tube.  Por lo general son vídeos graciosos. Y el mensaje es tal cual: la gente quiere reírse.  Es una sensación. Hacé reír y lo demás vendrá solo.

¿Y los demás? ¿Qué hacemos? A lo sumo extrapolar la oscuridad de las almas atormentadas. Almas que también se ríen. Construir pozos negros con alfombras siderales. Difundir poemas prosaicos. Opinar. Delirar. Sumar granitos de mostaza a la anarquía del ciberespacio.

Vuelvo mi vista a los versos satánicos y pienso en la fatwa que todavía pesa sobre Rushdie. De ahí salto a “The ground beneath her feet” (La tierra bajo sus pies), la canción de U2 a la que Rushdie puso letra.  Pienso en esa película llamada EL HOTEL DEL MILLÓN DE DÓLARES. De ahí me voy a Wim Wenders y las alas del deseo y después me quedo sin combustible. Se me contamina el vuelo y ahora soy un bicho terrestre. Pienso en los electrodomésticos de Red Megatone que de a poco se van fagocitando los Cds de Musimundo. Pienso en las palabras que no pienso y que podría pensar si no pensara tanto en lo que no tengo tiempo de pensar. Pienso en lo que no debería pensar.  Pienso cuando en realidad debería dormir, o a lo sumo drogarme con el ejercicio de la escritura automática.

Este posteo no tiene sentido.
No vale nada.

Ni siquiera amerita una foto que lo decore.

Es como comer aún teniendo la panza llena. Comer para no dejar la comida que alguna vez no tuve. Escribir para que otro no escriba en mi pared. Usar para que el desuso continúe su siesta.

No importa si es bueno o si sentiste algo.
Es eso, nada más.

Darse la vuelta a la calesita porque ya tenías el boleto. Comer el yogur porque se vence mañana. Aunque no tengas ganas.

Sunday, February 12, 2012

SPINETTA EN EL CIELO CON DIAMANTES



La triste noticia del fallecimiento de Luis Alberto Spinetta provocó que muchos de mis amigos en facebook que habitualmente no suelen conectarse, entraran a su muro para expresar lo suyo. Se dio un poco como pasa en los velorios, ese encontrarse en situaciones especiales con cierto halo de conmoción y pensar por lo bajo aquello de “mirá en qué situación nos venimos a encontrar”. Intercambiamos mensajes fraternales, subimos videos y fotos del capitán Beto, y nos mostramos consternados. Son muy pocos los momentos en los que miles de personas coinciden en un mismo sentir. Y de alguna manera la muerte del Flaco fue una bengala que se disparó al cielo para explotar en miles de destellos que cayeron sobre la cabeza de quienes amaban su arte y de quienes apenas lo conocían. Sus recordadas frases poéticas y sus canciones no sólo inundaron los medios sino también las redes sociales. Los que sentimos pesar (y estoy hablando de un “verdadero pesar”), los que sentimos ese ahogo en el pecho, pudimos encontrarnos y fraternizar en una especie de velorio virtual, y desahogar así nuestra congoja ante tamaña e inesperada pérdida (“Hermano no te puedo explicar la tristeza que tengo por la muerte del flaco...”, me escribió un amigo entrañable).

Porque la agonía del flaco no fue tan mediática como la de Sandro. Hará apenas unos meses que salió a la luz lo de su enfermedad. Nada más que unos meses. Y a muchos todavía nos costaba asimilar que estuviera enfermo. Como si en vez de un cáncer de pulmón tuviera apenas un resfriado. Muchas celebridades lucharon contra el cáncer y le ganaron la pelea, y creímos que el Capitán Beto iba a ser uno más. Y de repente la notica choca. Un cross directo a la mandíbula. Tití portando un dulce exocet.

El flaco se fue.

Es 8 de febrero y su música estalla en todas las radios habidas y por haber. Tanto Vorterix (103.1 Mhz) como la Rock & Pop (95.9 Mhz) programan 24 horas con su música. Hay un símbolo negro en las pantallas de Tv. No se lo vela en el salón de los pasos perdidos, ni se decretan días de duelo (mal ahí). Un funeral privado. Los fans siguiendo el cortejo fúnebre. La cremación. El anuncio de que sus cenizas serán esparcidas en el río de la Plata. Y listo. La vida sigue.

Habrá homenajes y se seguirá hablando de un artista único en el mundo y en la historia de la música. El flaco ya no está. Pero su obra está latiendo como el canto del carozo dentro del durazno. Y nosotros somos duraznos sangrando congoja. Muy pocas veces se da que cuatro generaciones pueden disfrutar de un artista sin igual. Algún día sabremos lo que pensaba y decía en su agonía. Cómo se preparaba para ese momento. Algún día sabremos qué cosas quedaron en los cajones o en el rígido de la Diosa Salvaje. Ahora la vida sigue. Y los que compartimos la pena de un modo fraternal nos aprestamos a salir a la calle y seguir viviendo, porque MAÑANA ES MEJOR, aunque Luis Alberto Spinetta ya no esté entre nosotros.  

Tuesday, December 20, 2011

THIS IS HARDCORE



En la radio que escuchan por acá suena Morrissey y el lugar se llena de cierta elegancia inglesa. ME HAS ASESINADO canta Moss mientras un par de parroquianos se preguntan cuánto vale un cajón de cerveza Quilmes a precio de costo y a la vez cuánto cuesta cada botella si al precio total de ese cajón lo dividimos por doce. 

Más allá hay un tipo leyendo algo en su tablet. 

Si fuera un libro uno podría entretenerse  leyendo el título de la tapa. Pero todo lo que se ve es el color negro del estuche tipo agenda que envuelve al aparato. Como si el negro estableciera límites y a la vez otorgara eternidad misteriosa. Pero puede que estuviera leyendo un libro y lo tuviera apoyado en la mesa, lo cual también me impediría leer el título. Hay que ser justo con los pro y los contras de la tecnología, pero pasa que se entromete tanto en nuestra vida que a veces uno puede más que detestarla… 

Y ya sin nada en qué pensar termina de sonar Morrissey y en la radio arranca un tema de Pulp. THE FEAR. Me pongo a pensar en que tengo ese disco en algún lugar de casa. Incluso recuerdo el momento en el que lo compré en parque Rivadavia. Era domingo, recién había salido y además estaba envuelto en celofán. “Aquí llega el miedo otra vez, oh no, el miedo sin fin otra vez” canta Jarvis Cocker en el estribillo y de repente esa frase tiene más sentido para mí que cualquier libro de autoayuda que haya estado leyendo en estos últimos meses. El miedo arreciando, llegando a vos como si fuera una sábana invisible que alguien despliega sobre tu cabeza. Miedo que no fluye desde dentro, miedo inducido quién sabe por qué cosas… Pienso en que en menos de 10 minutos escuché dos canciones en las que el miedo, el asesinato y la soledad están presentes. Pero sigo pensando en THE FEAR. Es una canción oscura, muy buena para abrir un disco como THIS IS HARDCORE. Un disco en el que Jarvis Cocker te aconseja que ayudes a los ancianos, te cuenta que no es Jesucristo por más que tenga las mismas iniciales, admite que le gustaría convertir el agua en vino pero antes tiene que secar los platos y encima toda la cosa oscura y masoquista dando vueltas en la canción que da título a la placa.

“Sin vos mi vida se ha convertido en una resaca sin fin. Una película hecha para TV: malos diálogos, malas actuaciones, poco interesante; demasiado larga, carente de trama y de sexo.”

TV MOVIE – JARVIS COCKER

Los parroquianos se levantan de la mesa y se van a fumar afuera, ni siquiera se les ocurre pagar la cuenta, pero tampoco se alejan de la vereda del lugar. El tipo que estaba leyendo en la tablet se incomoda ante la presencia de alguien que lo conoce lo suficiente como para sentarse en su mesa. No le gusta. Se nota en su cara. Pero al conocido parece no importarle o no darse cuenta. Lo miro y pienso en la gente que no soporta estar sola, esa a la que cualquier compañía le viene bien y no le interesa demasiado lo que piense el otro. El tipo apaga su tablet y se pone a conversar, contestando con monosílabos lo que el otro le cuenta, cosa que no puedo oír bien porque hay una máquina de café funcionando a todo vapor.  Miro esto y pienso en el título del disco de Pulp. Y a la vez me pregunto si a Morrissey le pasan este tipo de cosas que nos pasan a los que no sabemos lo que es estar cerca del cielo.

La foto que ilustra este post pertenece a Marcela Viora y està en su blog imágenes sueltas

Monday, November 14, 2011

QUISIERA SABERLO



No me puedo concentrar en la lectura. A lo lejos se escucha una radio buena onda. Es a lo lejos pero no tanto. Antes de la radio me crucé con alguien y conversamos. Encima tengo poco tiempo. Está nublado. El cuerpo no se adapta a la presión atmosférica. Y no hay ganas de nada. Ni siquiera de lo que siempre tengo ganas. Todo muy raro.

No.

En realidad es normal.

Todo sube y baja. Crece y decae. Y a veces vuele a crecer. Es como caminar por las dunas. O subir al tobogán. O el ascensor mismo. El tema es que no es algo previsible. No sé como me voy a sentir mañana o pasado. Lo supongo, lo deseo y hasta me animo a programarlo. Pero la verdad es que no lo sé. Uno compra el ticket para un concierto 3 meses antes. Se supone que va a poder ir. O que va a hacer lo imposible para estar. Es más, lo compra porque los demás también lo compran y se pueden acabar. Si se agotan, llegado el día, si no podés ir lo podés vender. El asunto es que uno supone pero no sabe. Ayer me sentía bien. Pero no sabía que hoy me iba a sentir así. Y, salvo el clima, no hay ninguna razón que me haya afectado tanto como para esto. ¿Y si hubiera pronosticadores de estados de ánimo, como esos aparatos que predicen el clima? No hablo de videntes ni de sabiduría bucólica. Hablo de tecnología. Saber si en la fiesta del viernes voy a estar de buen humor o con cara de culo. Saber si voy a tener ganas. Sería idiota. Pero de última cada uno elegirá si quiere saberlo o no. Ah, sí, me olvidaba… la curiosidad. ¿Cómo no voy a querer saber el sexo del bebé? Está ahí, en la ecografía, ¿por qué no? Me gustaría haber sabido que hoy me sentiría así. Es una estupidez. Pero igual me hubiera gustado. El tema es que no puedo evitarlo. ¿A quién no le ocurre? Uno se pasa tanto tiempo tratando de evitar problemas que de vez en cuando necesita hacer una estupidez para sentirse más humano.

Levanto la vista.

Todo lo que veo a través del vidrio es una pared de ladrillos viejos pero bien cuidados.

Además llueve. Y en 5 minutos tengo que cruzar la calle. Y no sé cómo voy a sentirme cuando camine sobre el agua...


Wednesday, October 19, 2011

REGULACIÓN DEL EGO




No soy bueno expresando sentimientos. Ni con los abrazos, ni con los roces ni con las caricias. No soy bueno los domingos por la tarde ni midiendo las palabras. Tampoco en los actos escolares o en las cabinas de teléfono. Ni siquiera soy bueno cuando necesitan que sea bueno.
No soy bueno para comportarme en los rebaños y tampoco en asuntos de solidaridad. No soy bueno los lunes a la noche ni los sábados por la mañana. No sirvo para saciar expectativas. Tampoco para auxiliarte si te quedaste con el auto. No soy bueno con los perdones, las plegarias y las celebraciones católicas. Tampoco ordenando discos, asando carne o sacando fotos. No soy bueno con el realismo, ni con los sueños ni con el llanto. No soy bueno si escribo, si canto, si necesito convencerte para que subas a la casa del árbol.  Me llevo mal con la prolijidad, tengo una caligrafía horrible y un paupérrimo conocimiento de las reglas ortográficas.
No soy bueno anticipando tendencias. Tampoco viviendo acorde con la época. No soy bueno leyendo a Borges, ni señalando aviones, ni arreglando juguetes, ni con el bricolaje, ni mirando películas. No tengo destreza para el baile y menos que menos para hacer nudos o para el repulgue de las empanadas. No soy bueno cuando hay que parar el llanto intermitente de las canillas rotas. No sirvo para elegir regalos ni para comprar tarjetas especiales. No soy bueno para los cumpleaños, ni para las pascuas, y menos que menos para pentecostés. No soy bueno en año nuevo ni regalando flores en primavera. Me tienen sin cuidado el respeto, el día del amigo y la lealtad. No soy bueno haciendo reclamos ni defendiendo mis derechos. No sirvo para mirar con vos una puesta de sol en la playa. No soy bueno para el amor, tampoco para el sexo. Soy intolerante con los grandes y con los chicos, aunque con ellos a veces hago una excepción. No soy bueno cuando se supone que hay que ser bueno. En lo único que sé que soy bueno es en tener maldad cuando me piden que sea bueno. Y también en tirarme mierda encima para controlar mi ego…

Tuesday, October 11, 2011

POCO VUELO




Poco vuelo. Casi nada. Demasiada gravedad o poca potencia en los motores. Da igual. Tal vez el viento que empuja hacia un costado, o la atmósfera que presiona hacia abajo, o la gravedad que succiona suelas de zapato, o de alpargatas, o de zapatillas deportivas con diseño espacial, onda NASA o algo así.

NASA con mayúsculas, igual que DIOS, o como si fuera eso.

También puede ser una combinación de las 3.

Letal.

Cóctel invisible.

Correntadas rasposas azotando espaldas y mejillas. Hacia abajo.

El volar es para los pájaros. No recuerdo ahora donde lo escuché o lo leí o las 2 cosas. Creo que es el título de una película. Aunque en verdad es parte de pensar en nada. Como esa banda elástica intentando ser anillo en un dedo pulgar o pulsera en la mano izquierda. Piensa y juega con los dedos. ¿Quién? Miles de personas, a la misma hora pero en distintos lugares. Aburrimiento sintomático. Tal cual esos videos que hay en you tube, donde graban un pedacito de la misma canción distintos músicos en distintas partes del mundo. Aunque no parecen aburridos. Y you tube se arraiga en la lengua de los pueblos. Igual que google. O twitter.

O las redes sociales.

Una red puede protegerte de una caída. O ser una trampa en la selva. Por lo general las redes son para atrapar peces. O dividir una cancha de tenis. O de vóley. O para sostener el pelo (creo que esas se llaman redecillas). Aunque nos digan que son para conectarnos. O para ser parte. O para entretenernos.

Pero no hay vuelo.

El anillo gira esquizofrénico sobre sí mismo y no hay vuelo.

Demasiada guitarra. Demasiada gravedad. Falta guaracha. Falta juego. Falta inocencia. Falta infancia adulta. Faltan portales. Faltan porque abundan otras cosas.

Voces en la mesa de al lado.

Fantasmagoría.

Me encanta la palabra “fantasma”. Es hermosa. Es fantasía transformada. Sólo una letra y la magia se transforma. Hermosa. Una especie de flotación inconclusa de barcos que transpiran secreciones de cortina. Alud de atmósfera corporizada en un dedo índice que presiona tu cabeza. Hacia el piso. Hacia abajo.

Pero basta de jugar.

A ordenar los juguetes que nos vamos de paseo. ¿En avión? No, en auto. Los aviones sólo dan grandes saltos en el aire. Los paseos se dan en tierra. A pie. O en auto si estás apurado. O si querés recorrer más en menos tiempo. Más que nada eso. Ver más hoy. Mañana quién sabe…  


PD: la Ilustración es de Agustín Riccardi.

Friday, September 23, 2011

DENTRO DE UN GRAN ESPACIO ABIERTO


Me costó levantarme. Ayer dormí una hora menos y fue un poco más fácil. Según mi lógica tendría que haber sido al revés. Lo primero que pensé fue: no debí haber comido tanto, con una porción de pastel de papas era suficiente ¿para qué repetir? Y encima de postre ensalada de fruta. Una esposa que cocina con ganas de agasajar a su marido. Sí, panza demasiado llena y a dormir que mañana hay que madrugar, sin tiempo de hacer aunque sea una horita de digestión.
Me levanté como pude, preguntándome por qué me costaba tanto si había dormido un poco más. Por qué nos cuesta tanto a los argentinos cumplir con la máxima que reza que debemos cenar como mendigos. Razones sociológicas y culturales, supongo. Es poca la población activa que tiene la suerte de poder almorzar en su casa. Abundante cultura de tarta en Tupperware (¿por qué Tupper y no “recipiente de plástico”?), comida chatarra, milanesas fritas en aceite berreta, empanadas grasosas, panchos, etc… Y es como que a la noche estamos todos, no podemos cenar cualquier cosa así nomás. Y además hay que mirar tele y todo eso. Son costumbres que me cuestiono en días como hoy, cuando me cuesta levantarme de la cama. ¿Si sabías que era así para qué lo hiciste? Me exprimí un pomelo (gran antioxidante), me lo tomé de un trago y luego de vestirme fui para el garage.
Salí con el auto rumbo al trabajo, buscando en algún MP3 un poco de música que me despabile. Me encontré con INTO THE GREAT WIDE OPEN, disco que TOM PETTY AND THE HEARTBREAKERS grabaron en 1991. Sólo lo había escuchado una vez, apenas había salido, y me gustó bastante. Sonaba en la radio LEARNING TO FLY y la canción que le da título al disco. Ahora, 20 años después, suena como nunca. Las primeras 3 canciones me sacudieron la modorra y eso que entre ellas no estaba ninguno de los hits radiales. Tremendo Tom Petty, ideal para noches de ruta, ideal para la General Paz a las 5 de la mañana. Ideal para grandes espacios abiertos.
Al bajar del auto me dolía un poco la panza. No tendría que haber tomado ese jugo de pomelo. No es lo mismo tomarlo a las 5 de la mañana que a las 8. No para mi panza. No sé por qué, pero me cae de otra manera. Y otra vez lo mismo, seguir haciendo lo que no se debe hacer. Algunos le llaman debilidad de carácter, otros le llaman estupidez. Para mí es salirse del camino. Hacer cagada, diría mi madre. Igual que el Pato criollo, diría mi padre. Pero a esa hora por suerte duermen, o eso me dicen a mí. La cosa es que tengo sueño, no debería haber comido tanto. Es difícil decir lo siento. Es difícil decir que no. ¿No a qué? Supongo que a uno mismo. O a la voz de la inconciencia. O a los caprichos intuitivos. O al hecho de no pensar las cosas porque no tenemos ganas. O al hecho de volver a caer en la misma idiotez para ver si seguimos teniendo los mismos problemas. Los mismos fandangos.





Wednesday, July 20, 2011

CUANDO ELLA IS GONE (2)


Otro capìtulo de mi libro inédito escrito en 1999. Que lo disfruten.

Cuando ella is gone engordé un poquito y hasta empecé a dormir de noche. Cuando ella is gone empecé a tomar yogur con cereales a media mañana. Cuando ella is gone tiré a la mierda todos los CD de música romántica que en tardes de embobamiento general compré de oferta en Musimundo. Cuando ella is gone empecé a recuperar todas las materias colgadas. Cuando ella is gone tuve que creer en mí, tuve que abandonar el desprecio hacia la arcaica soledad: mis noches de angustia, de masturbación mental, de cigarrillos y locutores de radio hablando de los etruscos y los kosovares. Cuando ella is gone escribí muchos libros. Cuando ella is gone leí muchos libros. Cuando ella is gone hice una fogata con cartas y fotos y pares de medias de lycra y hasta con tarjetas magnéticas que tenían su nombre grabado en color blanco. Cuando ella is gone empecé a tener conversaciones interesantes con los espejos, con los fantasmales reflejos de mí en las vidrieras de las tiendas de ropa. Cuando ella is gone procedí a leer mis textos en voz alta delante de un grabador portátil. Cuando ella is gone me dediqué a escuchar lo que antes no quería escuchar. Cuando ella is gone la vida, la locura, la oscura cadena de karmas eróticos del dedo. Cuando ella is gone, poemas estúpidos abollados dentro de un cesto portapapeles. Cuando ella is gone, sábanas arrugadas. Cuando ella is gone, impotencia y reclusión, ascetismo y zapping de lentejuelas. Cuando ella is gone, un loop de saliva. Cuando ella is gone creí que viviría por siempre. Cuando ella is gone todo lo que sigue, lo que nunca debería contarte. Cuando ella is gone.

Monday, July 11, 2011

CERATI Y EL REVOLVER


“Ella usó mi cabeza como un revólver” canta Cerati desde la radio. Una radio que hace presente el pasado. Siempre me sonó rara esa frase. Es una de esas que no sabés qué quieren decir pero que te fascinan por como suenan. Ella… Cabeza… Revólver… ¿Qué quiere decir? ¿Usó la cabeza para dispararle a algo o a alguien? ¿Usó su cabeza como la usaría un revolver, es decir, como blanco de un disparo o de un culatazo? ¿Un revólver hace uso o es usado? ¿Es un medio? ¿Qué podés sentir cuando una mujer usa tu cabeza como un revólver? Ah, claro, un medio para sus fines. Los fines de ella. Un Cerati auténtico. Siempre dijo que el álbum REVOLVER de los Beatles es uno de sus preferidos. “Revolver, revolver…” canta en “El séptimo día”. Entonces… ¿Ella usó su cabeza como el disco de los Beatles? No, tampoco. Creo. ¿Puede alguien usar tu cabeza como si fuera un disco de los Beatles? Ah, puede usarte como música de fondo, o bien para volar un poco, o bien para acompañarse mientras fuma, o toma, o lo que sea que se meta en el cuerpo cuando está sola. “No creerías las cosas que he hecho por ella” canta Gustavo en otra parte de la canción. Escucho y me identifico. Tarde o temprano la mayoría de los hombres deberíamos identificarnos con esa frase. Es mejor que creer que alguna vez alguien puede llegar a usar nuestra cabeza para dispararle a alguien. Es mejor que creer que somos un cargador lleno esperando que alguien venga y dispare lo que no somos a alguien que no conocemos.

Thursday, July 07, 2011

¿QUÉ?


Pastillas para borrar malos recuerdos. Celulares que producirían cáncer. Celulares que transportarían convictos. Profecías mayas. Caleidoscopio de ángeles. Síndrome Jet-lag. Metrobus. I-pad 2. HD. Muros ficticios reconstruidos para exposiciones. Museos de parejas rotas. Nube de smog sobre la ciudad. La caída de los dioses a la tierra. Rotos como un pedazo de estación espacial. Inevitable pensar en aquella solitaria vaca Cubana. 100% libres de humo. No de smog. Sólo de humo. Humo en bolsas para llevar a tu casa. Buches de humo. Soles de humo. Agua de humo. Te quiero cuidar pero también quiero cuidarme de vos. Peligro de extinción. Aire puro dentro de una campana de plástico. La misma que se usa para tapar y exhibir alfajores de maicena. ¿Adónde vamos desde aquí?

Monday, July 04, 2011

CUANDO ELLA IS GONE


CUANDO ELLA IS GONE es un libro que escribí allá por el año 1999. Nunca me animé a editarlo. Lo he prestado para leer y todo eso. Es un libro de pocas páginas, uno de esos que se escriben para sanar heridas. Se me ocurrió publicar un capitulo. Ya pasaron más de 10 años, y cuando lo leo me sigue gustando. Les dejo este fragmento. Puede que más adelante... quién sabe.


TRANSPARENTE

Tengo la garganta seca de tanto escribir. Los vidrios de este lugar están tan limpios que parece que no existieran, que no contuvieran al viento, que no protegieran de las moscas, que no separaran de las miradas... Soy un vidrio. Pero no estoy limpio. Estoy lleno de marcas de dedos sucios, dedos de las manos de personas que se han apoyado para distinguir mejor el interior de la casa. Luego se van, se fueron, se van, y tengo que sacar mi mano derecha y limpiarme con la ayuda de un paño, volverme a brillar, cumplir mi rol transparente. Y sin embargo, hay veces en que la casa abre sus puertas y entonces todos corren, todos vienen a la fiesta. Charlan, fuman, beben, bailan, ensucian el baño... después se van y no limpian. Y a mí no me alcanzan las manos ni los escobillones, no me alcanza el amoníaco.

Dicen que cuando el mar se enoja todos huyen de la playa. Pero después vuelven a ella y se sientan, y lo miran, y se regocijan entre silencios y no preguntan nada. Irse y volver. Venir e irme. Venís y te vas. Nadie está en la playa cuando llueve. Yo lluevo en mi playa. Lluevo de delirios y de cigarrillos y de anagramas y de locuras. ¡Hey! Ábranme su casa un poco, sólo un poco.

Allá a lo lejos una chica entra a un bar y pide una taza de café. Fuma, bebe, saca su cuaderno y escribe. Luego paga, se sube a un colectivo y se va a su casa. “Te necesito y no estás” va pensando en el viaje. El mundo está lleno de monitores y cámaras de fotos y yo también te necesito, nena, yo también. Supongo que nada de eso es tan grave después de todo. Quedan un par de postales sobre la mesita ratona, poemas de Pessoa y jitanjáforas verdes. Pero tengo la garganta seca de tanto escribir con la lengua cartas que nunca llegarán a destino. Dejar de ser mi casa y despertarme en un hotel, abrir la ducha, fumar un cigarrillo y ponerme talco en los pies. Perfumarme de amor testarudo, amor suicida. Salir y dejar la llave en el mostrador. Caminar y no parar. Personas y más personas y ya no soy un vidrio sino el perro entre los hombres. Nadie me acerca invitaciones, ni promociones, ni sobres de shampoo. En la plaza bailan las estatuas humanas y la gente se ríe de Maquiavelo. El vidrio se llena de polvo en el día y de dedos en la noche. Llueve en Cartagena y esa chica se ata los cordones por expreso pedido de un policía. Es de noche y hace frío. Los vidrios se empañan con agua de la boca. Y aunque parezca increíble, a veces me río de todo esto, haciendo frágiles castillos en tu playa.

Monday, June 27, 2011

CENIZAS


Cenizas sobre el capó, sobre las pestañas y los pañuelos de seda. Tos que sale de un agujero rojo. Restos de un amor extraño. Volando. Varando las aguas del lago. Manchando la nieve como una gota de alquitrán en un pastel de cereza. Y los ceniceros adentro de casa, en el borde de la mesa. Temblando ante tanto que cae. Rogando que los fumadores arrepentidos no los echen a la calle.

Cenizas sobre la hierba. Zapatos sucios. Zapatos feos. Viseras carcomidas. Vuelve a suspirar el volcán. Otra vez ceniza. Para acostumbrarnos pensamos que es papel picado. O maná prehistórico. O polvo para hornear. No sabemos si es tóxico. No viene de los hombres. Viene de una especie de grano resucitado. Que empezó a supurar porque sí. Lo natural no es preciso. Geología en estado puro. Es lo que leí en los manuales de secundaria. Un volcán echando ceniza. Nunca nos dijeron que traería estos contratiempos.

¿Y cuándo se acabe la ceniza? ¿Quién va a limpiar todo esto?

Thursday, June 23, 2011

LO MÁS FÁCIL


Un texto que escribí hace 10 años. Espero que les guste.

Sucede que hoy no debería despertarme, o mejor dicho, no debería haberme despertado. Pero resulta que ya tengo los ojos abiertos y me parece tan fácil volver a cerrarlos que entonces… no lo hago. Así que poso los pies en el suelo y a la vez me pongo de pie. Me paro para que haga su entrada en escena el Bípedo Homosapiens del nuevo siglo.

El tipo se para y se da cuenta. Se da cuenta de algo de lo que en realidad no quiero darme cuenta. No quiero no quiero no quiero no quiero. Mis piernas. Dos puntos; las veo tan flacas, tan blanco leche, tan escarbadientes de parafina que supongo que lo mejor sería sentarme de nuevo en el borde del colchón y listo. Pero me resulta tan fácil hacerlo que entonces no lo hago; sino que hago unos pasos y prendo la tele. Observo la temperatura, la humedad, la sensación térmica y hasta las imágenes de un micro lleno de turistas que hace unas horas desbarrancó en alguna ruta del Brasil. Y es más, también me afeito, me lavo los dientes, me como un choclo frío, un pan con mermelada, me tomo un vaso de leche, me vuelvo a lavar los dientes, y además, como quien no quiere la cosa, voy escuchando el reporte que me informa de la cantidad de víctimas que ha dejado como saldo el siniestro accidente. Por ahí hubiera sido mejor poner algún canal de música; uno de esos en donde todo el día pasan a esos lindos nenes rubios bisexuales que cantan, bailan y contonean su pelvis haciendo una lamentable imitación kinética de Elvis Presley. O tal vez hubiera disimulado un poco mi percepción de esas cosas al no poner la tele y escucharlos solamente por la radio… Pero hacer todo eso me resulta tan fácil que entonces no lo hago y me abandono a la absoluta locura de ponerme a hojear un ejemplar descuajeringado del Ulises de Joyce –menuda simpleza para mi amanecer de la noche– que siempre tengo tirado por ahí, mientras de reojo, observo el lento e interminable bicicletear alcalino del reloj despertador, mi querido y bochinchero habitante de la mesa de luz. Pero a la vez me pregunto (pensando) si en realidad tengo ganas de levantarme de esta cama, de afeitarme, lavarme los dientes, bañarme, vestirme, comerme un choclo frío, un pan con mermelada, tomarme un vaso de leche, volverme a lavar los dientes, perfumarme... nada más que para ir a donde tengo que ir autopresionado por el sólo hecho de que ya me comprometí a ir y porque además no tengo ni el más mínimo interés en que baje la cotización de mis honorarios. Digamos que lo que yo quiero saber es si en realidad soy ese tipo que irá al compromiso sin darle bola al cuestionamiento que hay en su cabeza o el que no quiere ir sólo para quedarse un poquito más en la cama. ¿Y si resultara ser que soy el tipo que va a salir por la puerta?, entonces, ¿qué voy a hacer durante la calle mientras dure mi traslado? Es muy fácil caminar por ahí mientras todo el mundo habla de un posible default que nos convertiría en algo así como el país de las últimas cosas, es muy fácil cuando escuchás expresiones tales como riesgo país, estampida financiera, corridas bancarias o cifras que hablan acerca de millones de personas que están por debajo de la línea de pobreza. Demasiado fácil, señores. Ahora bien, si tomo la decisión de salir a la calle antes he de resolver un pequeño problema: me tengo que poner las zapatillas, que a su vez representan el único calzado que tengo para tal motivo; pero ocurre que, por andá a saber qué motivo, no les puse talco y yo sin talco no las uso. Y me resulta tan fácil ponerles talco que entonces no les pongo nada y, por lo tanto, no me las pongo. Pero alto ahí, no se me revuelque en la silla. No es que no les quiero poner talco porque en este momento me sería lo más fácil, sino que no les pongo talco porque se me acabó el que estaba y entonces no volví a comprar otro y, por lo tanto, eso le da sobradas muestras, queridísimo lector, de que a veces, al igual que usted, cedería un poco de terreno ante la promesa de mantener mis convicciones cueste lo que cueste. Porque la verdad es que cuando puse en mis zapatillas el último poquito de talco que tenía para ir a comprar más talco, en realidad no compré, o mejor dicho, no pude comprarlo porque cuando no llevé plata suficiente al supermercado; porque para mí llevar plata cuando uno va a comprar sería demasiado fácil, mucho más fácil que aceptar que no compré talco porque simplemente me olvidé de que a eso había ido y entonces me dediqué a comprar otras cosas. Así que cuando ayer a las 20:30 hora de la Argentina, llegué a casa y abrí la puerta llevando una botella de licor de chocolate en la mano izquierda y a su vez miraba como el ticket del supermercado iba cobrando la vertiginosa velocidad de una pluma al caérseme de entre los dedos de la otra mano -que sin querer consideraron que era mucho más fácil sostener un ticket que agarrar la llave del bolsillo-, me pregunté si en realidad las personas no teníamos bastante ya con la vida como para que encima los pies de uno huelan mal.

Friday, May 27, 2011

VIERNES


Hay sol. Hay entusiasmo en la radio y en la tele. La gente que no trabaja los sábados quiere contagiar a los demás. Termina la semana. Termina para volver a comenzar pero eso no importa. Es viernes. Algunos tienen planes y otros nada que ver. Está lleno de gente que no tiene ni idea de lo que va a hacer. Descansar, dicen muchos. Esta muy bien, digo yo. Muchos no entendemos qué nos incita a querer que llegue el fin de semana. Pero queremos que llegue. Tal vez una cuestión gregaria. Lo que quieren todos. Estar de acuerdo con todos en algo. Porque sí. Porque no siempre sucede y hay que disfrutarlo. Hermoso. Como un círculo de agua. Como un redondel dadivoso.

A muchos les toca trabajar.

Incluso hay veces en que prefieren eso a quedarse en casa.

Para ellos el fin de semana puede empezar un lunes. Pero los lunes no son sábados ni viernes. Son lunes. Son trámites y guardapolvos blancos. Son bolsos colgando del hombro y cortes de calle. Son ruido insalubre.

Y yo de franco, dicen.

Entonces los domingos a trabajar sin dormir. Resaca absoluta. Mejor que nada.

Thursday, May 26, 2011

JUEVES


Ausencia de miércoles en los textos. Pasó como una ráfaga y me sentí bien. Y como me sentí bien leí. Y además hice cosas. Y hasta me entusiasmé con ciertos vacíos epistolares. Pero no escribí. Y entonces hoy no hablo del jueves cuando debería hablar del jueves, lo que se conoce como la antesala del viernes. El día bisagra. Cuando era chico estaba en el medio de dos personas me llamaban jueves: siempre entre medio de la semana. Idiotez arcaica. Quedarse esperando cosas que no suceden. Los jueves empiezan a recalentar los cables y se hacen necesarios los disipadores. Y uno empieza a masticar ansiedad. Ansiedad de que haya un viernes y salir corriendo a explotar. Orgasmo social. Sin dirección. Sin tener idea de hacia dónde. Un jueves de paso. Ensayo de la nada. La gente se aburre y golpea la mesa.

Tuesday, May 24, 2011

MARTES


Debilidad. Poco entusiasmo. Estado de resistencia. Soportar. Sólo soportar y reforzar la caperuza. Las bacterias hacen lo suyo. Espero que terminen y se vayan antes del viernes.

Ayer dormí un poco más pero no estoy notando el beneficio. No estoy pletórico ni saltimbanqui. Al menos conecté con la novela póstuma de Bolaño. Se llama 2666. Es larga, larguísima. Pero el tipo escribía bien. Me hace tenerle paciencia a la trama. Al hecho de que pasen cosas pero que en verdad no pase nada. Es el sopor. Tonto sopor.

Esta mañana se me rompió la computadora.

Yo no fui.

Tampoco me preocupa.

Ni eso me altera.

Monday, May 23, 2011

LUNES

Lunes. Mocos. Saliva. Bolo alimenticio mezclado con restos de chocolate químico. Ojos vidriosos soportando un frescor arcano. Una especie de viento frío que azota la visión de frente y de nada sirve que se bajen los párpados. Empecé a leer un libro y no me gustó. Como no me gustó no lo nombro. Tal vez demasiado intrincado para este Lunes templado y frío. Lunes pletórico de vagancia. Con cortes de tránsito y algún que otra protesta creativa. Los muros de Facebook se llenan de gente que no tiene ganas los Lunes y los martes apenas un poco. Comunican el desgano. Buscan desganos ajenos para convencerse de que esta vez es un desgano normal. De que no soy yo sino la atmósfera pesada, la posición del sol, la carta astral o el universo en sí, que de vez cuando pareciera descansar apoyándose en nosotros. El lugar donde estaba escrito que hoy sería un día así. Anodino y fuera de casa. Cansancio con gusto a edulcorante en la lengua. Restos de un naufragio dulce. Un naufragio inducido. Una caída de agua mal hecha en algún baño…

Lunes de pan tostado y noticias deportivas. Lunes aburguesado. Un comienzo. Uno de los pocos comienzos que no entusiasman. Obligado. Lo común. Lo que pasa. Un día para que cualquiera nos cobre de más y no nos demos cuenta.

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