Monday, October 31, 2011

GUNS N´ROSES EN ROCK IN RIO (Decadencia live)



Mientras miraba un video del concierto que los Guns N´ Roses dieron hace muy poco en la versión 2011 del festival Rock In Río, no podía dejar de pensar en la fascinación que en cierta medida ejerce sobre nosotros la decadencia de una estrella. Como todos saben el  Guns N´ Roses actual en nada se asemeja a la formación original que supo brillar a fines de los 80 y parte de los 90. En algunos medios especializados se los conoce como “Axel y sus muchachos” o “Axel y una banda que hace covers de Guns N´ Roses”. Lo cierto es que la versión 2011 de Axel es un tanto triste si se la compara con la actualidad de Slash, Matt Sorum o Duff Mc Kagan, todos ellos en buena forma. En cambio este Axel tiene unos cuantos kilos de más, una cara mofletuda, una garganta demasiado mal cuidada, retazos de aquellos movimientos sexys sobre el escenario, algún que otro alarido y muy poco de aquella voz rasposa que solía ponerte los pelos de punta. Además se olvida las letras, desafina y trata de ocultar su cuerpo enfundado en ropa de corte más bien ancho. En la revista Rolling Stone Juan Barberis escribió “notablemente más torpe y estático -con jeans cortados que explotan, remera negra, campera de cuero y sombrero de cowboy-, su magnetismo y su perfil de chico peligroso siguen vivos de alguna manera”. Así y todo no podía dejar de mirar el concierto. Es extraño. Pero la decadencia de una estrella es algo que se me antoja fascinante. Porque uno mira y va buscando los retazos de aquellos buenos tiempos, los recorta y los une para armar un todo. Un todo muy chiquito. Como si fuera un rompecabezas. Revolver la basura, encontrar las piezas, limpiarlas y reconstruir la forma otrora dorada en nuestra cabeza. Todo un pasatiempo pelotudo, ya lo sé, pero no puedo dejar de sentirme como si estuviera debajo del agua contemplando los restos del Titanic.  Y es muy loco vivir esa época de esplendor y 20 años después contemplar los resultados de un proceso tan idiota como autodestructivo. Pienso en el Jim Morrison sex Simbol de Light my fire y en el que murió en París. Pienso en el Charly García de Demoliendo Hoteles y en el de Say no more. O en el Maradona del 86 y este que acaba de cumplir 51 años.

Acá no importa demasiado que Axl se quede sin aire, se le rompa la voz o simplemente no se escuche. Estamos acostumbrados a ver a nuestros ídolos en cierto estado de desgracia, fuera de forma o recordando sus años dorados. Ejemplos nos sobran.
Revista Rolling Stone.

La decadencia fascina. Sobre todo el camino de excesos que suele conducir a esta. Y entonces uno duda de la frase de William Blake. ¿Dónde está la sabiduría que nos concede el camino del exceso? Lo que vi el otro día no era precisamente un palacio de sabiduría. Pero Axel hace dinero con los restos de su reinado.  Y muchos asisten a ese proceso de degradación como quién contempla una inmolación pública. Y un poco jode ver al tipo en ese estado. Pero también fascina (pienso en cuantas veces usé esta palabra en lo que va del texto).

“Está hecho mierda” es lo primero que uno dice.

“Pero en algunas cosas se mantiene” dice un rato después.

Y a la vez se pregunta qué es lo que nos provoca  contemplar la decadencia. Quizá la certeza de que algo ya no volverá a ser. Que ha encarado un camino irreversible. Y lo que no vuelve a veces jode. Tanto como aquello que vuelve para terminarnos de convencer que al final lo que queríamos que vuelva no era gran cosa. Que si queremos que algo vuelva es porque nos sentimos vacíos. Que nuestro capricho era tener 5 minutos de fascinación, tomarnos una cerveza y seguir jugando a las cartas. Como en el final de The Truman Show. Consumimos entretenimiento. Y cuando se termina, cambiamos de canal y a otra cosa.

La cosa es llenar los huecos y de paso olvidarnos del vacío. Todo parece servir. Incluso los restos de un reino fugaz. 



Thursday, October 27, 2011

VIERNES Y POCO ESPACIO


El viernes es un día con gente en la calle. Más de la habitual. Y mucha gente es poco espacio. Poco espacio es menos libertad de movimiento. Menos libertad de movimiento es menos expansión y por lo tanto menos satisfacción. Menos satisfacción en medio de mucha gente.

La otra cara es estar solo en casa. Hay más espacio. Más libertad de movimiento. Más tranquilidad si se quiere.

Pero no hay gente.

Tocás el timbre de las otras casas.

No hay nadie.

Si no hay nadie quiere decir que salieron. Si los demás salieron y vos te quedás adentro quiere decir que no estás haciendo todo lo que los demás hacen cuando es viernes. Y si no hacés todo lo que los demás hacen te sentís desconectado. Y si te sentís desconectado comenzás a ser presa de tu propia alienación. Si te alienás te sentís solo. Solo cuando la mayoría procura rodearse de gente. Gente que salió a llenar espacios vacíos porque es viernes. Porque hay sol. Porque es primavera. Pero salís y hay poco espacio. Te sentís condicionado pero te dejás llevar. Tenés poca libertad y la satisfacción es mínima porque estás siguiendo el movimiento de los demás cuando en realidad te gustaría que fuera a la inversa. Pero al menos te sentís conectado al mismo CPU que los demás. Y te ven. Por un instante existís para alguien más que para vos en casa. Casa a la que volverás cuando el día se termine y todos vuelvan a sus casas. Y volverás a sentirte solo. Pero esa soledad será un descanso de estar con gente. Descanso que los demás no tienen, y que más de una vez quisieran tener.

Eso te gusta.

Entonces te vas a dormir tranquilo.

Y soñás con jardines. Y con gente sola en los jardines. Y te alienás dentro de un pijama cuando salís de la ducha y te sacudís las estrellas…

Monday, October 24, 2011

CRÓNICA DE UNA INSATISFACCIÓN


A veces me siento como el personaje de Kevin Spacey en AMERICAN BEAUTY. Sobre todo en esa escena en la que el tipo va manejando irreverente, medio cagándose en todo mientras en la radio suena American Woman. Nada más que cuando me siento así voy escuchando Chinese Democracy de los Guns o Death Magnetic de Metallica. Uno sintoniza con esa onda expansiva y se comporta de acuerdo al estereotipo. Se baja la ventanilla, se canta en voz alta, se prende un cigarrillo y se lo lleva colgando de los labios el mayor tiempo posible. Lentes de sol aunque esté nublado y ganas de mandar una gran parte de las cosas a la mismísima mierda. Entrar a la autopista y darle hasta donde aguante la nafta. Quizá hasta Luján, quizá más lejos. Es sólo un momento. Un atisbo. Una puerta que se abre, te despeina y se vuelve a cerrar. “Tendría que llorar o salir a matar” cantaba Fito Páez en esa dulce balada llamada “Te vi”. Son momentos en los que no encajás con la racionalidad occidental ni con el asunto de los pies en la tierra. Nos pasa mucho a los que estamos inmersos en procesos creativos. Estamos sensibles y captamos millones de cosas, y no nos alcanzan las manos ni el tiempo para darle forma. Te gustaría estar solo durante un lapso de tiempo lo suficientemente extenso para dedicarte a eso (días, quizá semanas). Irte al desierto y trabajar, hasta el cansancio, hasta pudrirte. No siempre la inteligencia no circunscrita del universo hace mella en tus sentidos y si no lo aprovechás al máximo te sentís mal. Sobre todo porque pasará mucho tiempo hasta que vuelva a ocurrir algo semejante. No existen fórmulas matemáticas ni astronómicas que puedan calcular el paso de estas cosas como sí en cambio pueden hacerse con el paso de los cometas. Y cuando  este milagro ocurre lo importante es que te encuentre trabajando.

Según John Gray en uno de sus best sellers, el hombre necesita retirarse a la cueva para volver renovado.

Pero hay un mundo racional en el cual hay que tapar a tu hijo cuando se destapa en medio de la noche, un mundo en el que hay que cerrar con llave y conectar la alarma, pagar las cuentas, lidiar con el orden, cumplir horarios de trabajo para sostener el equilibrio en el mundo material. Y se hace difícil. No es normal acostarte a las 4 de la mañana, exhausto y feliz si al otro día te tenés que levantar temprano para ir al trabajo, hacer trámites o llevar a los chicos a la escuela. Entonces surge la irreverencia, la puja entre dos paredes, y vos en el medio del encuentro entre dos mundos. Y se tensa la cuerda. La máquina trabaja al límite y ahí estoy otra vez con el auto en la calle, escuchando Metallica y prendiendo un cigarrillo mientras entre el suelo y mis pies se interpone el pedal del acelerador.

Cuando hay sol la irreverencia duele más.

Y la resaca también.

Friday, October 21, 2011

LO MEJOR DE LA DÉCADA 00: REM - IMITATION OF LIFE (2001)


“Charadas, habilidad pop, Jacinto de agua nombrado por un poeta, imitación de la vida”, así empieza una de mis canciones preferidas de esta década. La misma está en el disco REVEAL que los R.E.M editaron en el año 2001, año en el que también llegaron por primera vez a la argentina. Y no es que la letra sea gran cosa, pero me encanta esa arenga de Michael Stipe en el estribillo, ese “vamos, vamos, nadie puede verte intentarlo” (frase que es una invitación a la intimidad, ese lugar en donde nadie puede verte tratar de hacerlo y por sobre todas las cosas, nadie puede verte llorar).La misma arenga que aparece al principio del video, ese “vamos, vamos” que es una constante a lo largo de la canción. Según algunas notas parecidas por ahí está inspirada en la película IMITATION OF LIFE de Douglas Sirk (1959), film que todavía no he tenido el gusto de ver. Aunque es probable que en algún momento intente verla, más que nada para encontrarle alguna conexión, es parte de las cosas que hacemos a veces los consumidores de música pop, cosas que a veces llevan a encontrar algo interesante. En cuanto al vídeo, Michael Stipe contó algo en una entrevista para MTV:
"El video entero se grabó en veinte segundos. Lo que estás viendo es un ciclo que va hacia delante durante veinte segundos, hacia atrás otros veinte segundos, adelante otros veinte, hacia atrás otros veinte, con una cámara estática y, a continuación, utilizando una técnica llamada "pan and scan", que es un proceso técnico que se utiliza cuando un formato panorámico se adapta a tu televisor o DVD, pasando sobre ciertas partes de toda la imagen. Verás que lo hacemos recogiendo varias personas en el marco.” (fuente: Wikipedia)
“Esta caña de azúcar, esta limonada, este huracán. No tengo miedo, vamos , vamos, nadie puede verme llorar”.
Lo cierto es que REVEAL no es un gran disco de los R.E.M, es más, esta canción apenas llegó al puesto número 22 en la revista BIlboard. Pero así y todo no deja de ser hermosa, con una melodía que nos termina encantando, como una caña de azúcar o una limonada en verano. ¿Qué importa la letra si la melodía es pegajosa y cantada en un idioma extranjero? Vamos, vamos, sentate en tu casa y escuchala, nadie puede verte disfrutar…

Wednesday, October 19, 2011

REGULACIÓN DEL EGO




No soy bueno expresando sentimientos. Ni con los abrazos, ni con los roces ni con las caricias. No soy bueno los domingos por la tarde ni midiendo las palabras. Tampoco en los actos escolares o en las cabinas de teléfono. Ni siquiera soy bueno cuando necesitan que sea bueno.
No soy bueno para comportarme en los rebaños y tampoco en asuntos de solidaridad. No soy bueno los lunes a la noche ni los sábados por la mañana. No sirvo para saciar expectativas. Tampoco para auxiliarte si te quedaste con el auto. No soy bueno con los perdones, las plegarias y las celebraciones católicas. Tampoco ordenando discos, asando carne o sacando fotos. No soy bueno con el realismo, ni con los sueños ni con el llanto. No soy bueno si escribo, si canto, si necesito convencerte para que subas a la casa del árbol.  Me llevo mal con la prolijidad, tengo una caligrafía horrible y un paupérrimo conocimiento de las reglas ortográficas.
No soy bueno anticipando tendencias. Tampoco viviendo acorde con la época. No soy bueno leyendo a Borges, ni señalando aviones, ni arreglando juguetes, ni con el bricolaje, ni mirando películas. No tengo destreza para el baile y menos que menos para hacer nudos o para el repulgue de las empanadas. No soy bueno cuando hay que parar el llanto intermitente de las canillas rotas. No sirvo para elegir regalos ni para comprar tarjetas especiales. No soy bueno para los cumpleaños, ni para las pascuas, y menos que menos para pentecostés. No soy bueno en año nuevo ni regalando flores en primavera. Me tienen sin cuidado el respeto, el día del amigo y la lealtad. No soy bueno haciendo reclamos ni defendiendo mis derechos. No sirvo para mirar con vos una puesta de sol en la playa. No soy bueno para el amor, tampoco para el sexo. Soy intolerante con los grandes y con los chicos, aunque con ellos a veces hago una excepción. No soy bueno cuando se supone que hay que ser bueno. En lo único que sé que soy bueno es en tener maldad cuando me piden que sea bueno. Y también en tirarme mierda encima para controlar mi ego…

Friday, October 14, 2011

RETROSPECTIVA: DICIEMBRE 2006 - NO FUE BUENO PERO FUE LO MEJOR


Un texto que escribí allá por diciembre de 2006 y que cuenta cómo me sentía en ese momento en cuanto a mi relación con la música. Me gustó leerlo y compararlo con este presente. Es como dejar grabado algo en una piedra, volver a los 5 años y ver en qué te convertiste. Es un poco lo que posibilitan los cuadernos en donde escribimos cosas, o los blogs, en donde este tipo de registros toman un cariz más público. Es abrir la ventana y mostrarse un poco. Me gusta. Es parte de la vanidad. La foto es en San Rafael (Mendoza)


Tengo en la cabeza una canción de Enrique Bunbury que no para de rolar, una y otra vez como si fuera un disco rayado. Frases como "No fue bueno pero fue lo mejor, todo o casi todo salió de otra manera" (…) "que mañana será otro día, depende del cristal con el que miras, todo es horrible o terriblemente bello", o sino esta otra, "Y nunca volverá jamás a pisar un escenario, lo verás si es que lo ves, siempre desde la platea. Como un sueño inalcanzable, como la Luna llena. cuando la quiere poner a los pies de su mujer". La escuché el domingo cuando conseguí tener en mis manos el Cd de Bunbury-Vegas titulado “El tiempo de las cerezas”. La escuché y quedé como retobado. Sentí que esa canción describe con fluidez y belleza muchas de las cosas que me pasan hoy en día con respecto a la relación que tengo con la música y en cuanto a lo que alguna vez hice con ella. Y es como que al escribir esto ahora estoy tratando de llevar a cabo un exorcismo que me lleve a enmudecer el parlante y a recostarme tranquilo en colchones de silencio. Siento que busco y rebusco obstinadamente entre una maraña de cables, el camino que me lleve hasta el plug que sonoriza mi cabeza, una y otra vez. No quiero gritar, sólo quiero desenchufar el cable y dejar de torturarme, dejar de pensarme como un Pink flaco y escuálido flotando en las aguas cristalinas de una piscina de sangre. En este momento me siento prisionero de una sobrecarga emocional que me nubla el horizonte y que podría llevarme a cometer cualquier locura. Un desmantelamiento sincero y transversal del columpio en el que estoy, con los pies lejos del suelo, con los pies lejos del suelo…

Tuesday, October 11, 2011

POCO VUELO




Poco vuelo. Casi nada. Demasiada gravedad o poca potencia en los motores. Da igual. Tal vez el viento que empuja hacia un costado, o la atmósfera que presiona hacia abajo, o la gravedad que succiona suelas de zapato, o de alpargatas, o de zapatillas deportivas con diseño espacial, onda NASA o algo así.

NASA con mayúsculas, igual que DIOS, o como si fuera eso.

También puede ser una combinación de las 3.

Letal.

Cóctel invisible.

Correntadas rasposas azotando espaldas y mejillas. Hacia abajo.

El volar es para los pájaros. No recuerdo ahora donde lo escuché o lo leí o las 2 cosas. Creo que es el título de una película. Aunque en verdad es parte de pensar en nada. Como esa banda elástica intentando ser anillo en un dedo pulgar o pulsera en la mano izquierda. Piensa y juega con los dedos. ¿Quién? Miles de personas, a la misma hora pero en distintos lugares. Aburrimiento sintomático. Tal cual esos videos que hay en you tube, donde graban un pedacito de la misma canción distintos músicos en distintas partes del mundo. Aunque no parecen aburridos. Y you tube se arraiga en la lengua de los pueblos. Igual que google. O twitter.

O las redes sociales.

Una red puede protegerte de una caída. O ser una trampa en la selva. Por lo general las redes son para atrapar peces. O dividir una cancha de tenis. O de vóley. O para sostener el pelo (creo que esas se llaman redecillas). Aunque nos digan que son para conectarnos. O para ser parte. O para entretenernos.

Pero no hay vuelo.

El anillo gira esquizofrénico sobre sí mismo y no hay vuelo.

Demasiada guitarra. Demasiada gravedad. Falta guaracha. Falta juego. Falta inocencia. Falta infancia adulta. Faltan portales. Faltan porque abundan otras cosas.

Voces en la mesa de al lado.

Fantasmagoría.

Me encanta la palabra “fantasma”. Es hermosa. Es fantasía transformada. Sólo una letra y la magia se transforma. Hermosa. Una especie de flotación inconclusa de barcos que transpiran secreciones de cortina. Alud de atmósfera corporizada en un dedo índice que presiona tu cabeza. Hacia el piso. Hacia abajo.

Pero basta de jugar.

A ordenar los juguetes que nos vamos de paseo. ¿En avión? No, en auto. Los aviones sólo dan grandes saltos en el aire. Los paseos se dan en tierra. A pie. O en auto si estás apurado. O si querés recorrer más en menos tiempo. Más que nada eso. Ver más hoy. Mañana quién sabe…  


PD: la Ilustración es de Agustín Riccardi.

Wednesday, October 05, 2011

EL MATE Y SUS PROBLEMAS DE HIGIENE


Se dice que el mate es la bebida menos higiénica del mundo. Eso de compartir la bombilla, muchas veces con saliva de desconocidos, es visto por muchas personas (sobre todo en otros países) como algo horrendo. Pero los turistas vienen y quieren probar. Terminan por entender que un mate no es algo tan personal como un cepillo de dientes.  

Para las demás bebidas hay vasos y tazas. Algo bien individual, bien mío. Es decir, podemos tomar algo juntos sin necesidad de andar compartiendo picos salivados. O hacernos un mate cada uno, para no andar intercambiando.

Pero hay gente que comparte vasos, y hay gente que comparte la botella de cerveza en el kiosco de la esquina. Y toma del pico. Así nomás, sin ningún problema. Aunque está el que lo hace porque no le queda más remedio. Porque negarse a hacerlo queda mal. Porque en ciertos casos la negación puede ser vista como un desprecio, y lo que vuelve es una sarta de improperios que a uno lo convierten en la oveja negra del rebaño, en el bicho raro, el “finoli” del grupo, el “careta”, el “Micky Vainilla” por antonomasia. Y ni hablar de los que comparten cigarrillos…

El tema parece ser lo que hay en la saliva del otro. Saliva que proviene de su boca. Una boca que puede albergar bacterias y microbios que podrían enfermarnos. Como si dentro de la boca del otro hubiera (quizá lo haya) un bolo lleno de gérmenes dispuestos a acabar con nosotros. Pero no pensamos eso cuando besamos la boca de alguien desconocido. Gente que se conoce una noche en algún lugar y que no sólo se besa, sino que hasta intercambia fluidos corporales en una cama. Y los cuerpos se llenan de saliva… Hombres con mujeres. Hombres con hombres. Mujeres con mujeres. Lenguas salivosas dentro de otras bocas con lenguas salivosas. Y no hablemos del beso negro. O de una felatio. Pero compartir una bombilla no es besar al otro en la boca. Con cierta ironía podría decirse que el mate es más higiénico.

Pienso en los jugadores de fútbol que se la pasan salivando el campo de juego, césped sobre el cual se arrastran y caen otros jugadores transpirados.

Lindo ¿no?

 El tema parece ser que si compartís la bombilla como mínimo te podés llegar a resfriar (lo cual es cierto). Pero pensá que a la persona que besaste anoche tal vez estaba enferma y no lo sabías. ¿Son mucha las enfermedades que transmite la saliva? No tengo idea, al menos en google no aparece gran cosa.

¿Qué te produce la saliva del otro? ¿Qué le ocurre al otro con lo que excretamos? ¿Todo lo que excretamos es desperdicio? Orín, mocos, saliva, materia fecal, semen, sudor, sangre, lágrimas… Viendo la lista podría decirse que sí, que el cuerpo expulsa lo que le sobra. Aunque el tema de la saliva depende mucho de quién venga. Una cosa es la saliva de tu mujer o de tus hijos. Otra cosa es la saliva de tus padres. O tu saliva para tus hijos. Y otra cosa es la saliva de alguien que no es de tu círculo íntimo. Pareciera un elemento desconocido y peligroso. Y pensar que a los chicos no les importa en absoluto, al menos hasta que la moral y la razón se apodera de ellos y los culturiza de un modo católico y occidental.

En la secundaria teníamos un compañero que en el recreo se compraba un alfajor Guaymallén, y para que nadie le pidiera un pedacito apenas lo abría le pasaba la lengua por todo el dulce de leche que sobresalía en la unión entre las dos capas del alfajor. Un asco. Generaba en el otro una sensación fea que le ayudaba a defender su golosina del hambre depredador de los demás. La artimaña funcionaba a la perfección. Nadie se animaba a darle bocado a semejante cosa.

Pero volviendo al mate ¿es demasiado antihigiénico? ¿Es para tanto?

¿A quién le convidarías el chupetín que tenés en la boca? ¿Con quién compartirías un helado? ¿La saliva de la persona que besás por primera vez no es la saliva de alguien desconocido? Las personas tenemos esas vueltas. El mate es antihigiénico pero un beso parece que no. A la bombilla del mate no se le pasa la lengua. Basta con apoyar los labios. Labios que en general están secos. Muchos toman el hecho de compartir una botella con el otro (tomando del pico) como una señal de amistad. Comparto mi saliva con vos en señal de aprecio. Hay gente a la que estas cosas no le importan en absoluto. De algo hay que morir, dicen como si fueran volatineros desafiando a la muerte. Y otros son más obsesivos y puntillosos. Se lavan las manos y se secan con papel, cierran la canilla con el codo, después hacen lo mismo para abrir el picaporte y salir al patio de comidas del shopping. Y están los que suben con guantes de lana al colectivo para no tener contacto con el pasamanos. Y no nos olvidemos de los que llevan el alcohol en gel en el bolsillo del saco o en la cartera. Y menos que menos del barbijo de Michael Jackson. Hay de todo. No olvidemos el vino en tetra-brik o la botella de gaseosa que se corta al medio para hacer una jarra loca de la cual toman varias bocas. Se supone que chupar no es lo mismo que sorber. Los besos en la mejilla son sólo un choque de cachetes.

Aunque aquí, en esta era post gripe A, lo que parece primar es la desconfianza. Andá a saber dónde metió la boca el otro. Y después llegás a casa y te dejás lamber la cara por tu perro, que andá saber si antes de que llegaras no se estaba pasando la lengua por las bolas. Pero bueno, son las bolas de tu perro, que puede que estén más limpias que la boca de ese extraño que te convidó un mate y que luego de tomarlo para no quedar mal te fuiste a enjuagar la boca.

Somos raras las personas. Las chanchadas se hacen en casa, podría ser la conclusión a la cual llegar luego de todo este quilombo que empezó con un mate, o mejor dicho, en la punta de una bombilla.

Monday, October 03, 2011

CURVA DESCENDENTE


Estoy nervioso. Me doy cuenta porque mastico y me muerdo los labios. Me duele la herida y me paso la lengua, como si mis glándulas salivales segregaran algún ungüento sanador. A los dos minutos sigo masticando y sin querer me vuelvo a morder en el mismo lugar. Me duele. Pero a ese dolor se le suma la incredulidad, esta cosa de ¿qué me está pasando? que tantas veces me aterra cuando me empiezan a pasar cosas que antes no me pasaban, o cuando noto que ciertas habilidades ya no son tan efectivas. Me pregunto si no estaré teniendo problemas de motricidad. O complicaciones neurológicas, lo cual me preocupa un montón, sobre todo en esta época de ataques de pánicos y ACV compulsivos. Pero como toda persona que lo primero que evita es ir a consultar un médico, siempre tengo a mano una de esas ideas que me tranquilizan. Muchas veces lo suelo tomar como un síntoma de cansancio corporal, al igual que cierto dolor en las encías o algún que otra puntada en el costado derecho. Acumulación de no dormir todo lo que una persona debería dormir. Pero últimamente empiezo a entender que me dominan los nervios, cosa a la que no estaba acostumbrado. Entiendo que ya no estoy tan calmado, sino que me siento más afectado por el hecho de tener una vida más activa, en la cual me involucro con las cosas de una manera mas visceral. A veces pienso que es consecuencia de ser padre, de tener descansos irregulares y alternar momentos de mala sangre con ciertas islitas de placer.

Ser padre en ciertos aspectos es tan insalubre como no serlo. Es un poco optar entre engranajes que se desgastan por el uso o engranajes que se oxidan a causa del sedentarismo de una vida a contrapelo. Es una sensación extraña. Es ir aceptando a cuenta gotas un leve declive de la vitalidad. Una línea que empieza a ir hacia abajo, muy despacio, arrastrándose como serpiente entre los pastizales. Todo muy morboso y taciturno a la vez.

El agua que corroe los cimientos de Venecia.

Las napas podridas que van apareciendo en la superficie como manchas de humedad.

Sigo comiendo y me vuelvo a morder.

Puteo para mis adentros.

Antes no me pasaba, pienso.

Y me siento un pelotudo. 

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