Monday, October 24, 2011

CRÓNICA DE UNA INSATISFACCIÓN


A veces me siento como el personaje de Kevin Spacey en AMERICAN BEAUTY. Sobre todo en esa escena en la que el tipo va manejando irreverente, medio cagándose en todo mientras en la radio suena American Woman. Nada más que cuando me siento así voy escuchando Chinese Democracy de los Guns o Death Magnetic de Metallica. Uno sintoniza con esa onda expansiva y se comporta de acuerdo al estereotipo. Se baja la ventanilla, se canta en voz alta, se prende un cigarrillo y se lo lleva colgando de los labios el mayor tiempo posible. Lentes de sol aunque esté nublado y ganas de mandar una gran parte de las cosas a la mismísima mierda. Entrar a la autopista y darle hasta donde aguante la nafta. Quizá hasta Luján, quizá más lejos. Es sólo un momento. Un atisbo. Una puerta que se abre, te despeina y se vuelve a cerrar. “Tendría que llorar o salir a matar” cantaba Fito Páez en esa dulce balada llamada “Te vi”. Son momentos en los que no encajás con la racionalidad occidental ni con el asunto de los pies en la tierra. Nos pasa mucho a los que estamos inmersos en procesos creativos. Estamos sensibles y captamos millones de cosas, y no nos alcanzan las manos ni el tiempo para darle forma. Te gustaría estar solo durante un lapso de tiempo lo suficientemente extenso para dedicarte a eso (días, quizá semanas). Irte al desierto y trabajar, hasta el cansancio, hasta pudrirte. No siempre la inteligencia no circunscrita del universo hace mella en tus sentidos y si no lo aprovechás al máximo te sentís mal. Sobre todo porque pasará mucho tiempo hasta que vuelva a ocurrir algo semejante. No existen fórmulas matemáticas ni astronómicas que puedan calcular el paso de estas cosas como sí en cambio pueden hacerse con el paso de los cometas. Y cuando  este milagro ocurre lo importante es que te encuentre trabajando.

Según John Gray en uno de sus best sellers, el hombre necesita retirarse a la cueva para volver renovado.

Pero hay un mundo racional en el cual hay que tapar a tu hijo cuando se destapa en medio de la noche, un mundo en el que hay que cerrar con llave y conectar la alarma, pagar las cuentas, lidiar con el orden, cumplir horarios de trabajo para sostener el equilibrio en el mundo material. Y se hace difícil. No es normal acostarte a las 4 de la mañana, exhausto y feliz si al otro día te tenés que levantar temprano para ir al trabajo, hacer trámites o llevar a los chicos a la escuela. Entonces surge la irreverencia, la puja entre dos paredes, y vos en el medio del encuentro entre dos mundos. Y se tensa la cuerda. La máquina trabaja al límite y ahí estoy otra vez con el auto en la calle, escuchando Metallica y prendiendo un cigarrillo mientras entre el suelo y mis pies se interpone el pedal del acelerador.

Cuando hay sol la irreverencia duele más.

Y la resaca también.

2 comments:

Mar said...

Me gustaría manejar para hacer una cosa así. Salgo a caminar a los pedos con el mp3 y los puchos, antes podía de noche, hasta de madrugada, ahora tengo la sensación que cualquier pibito me va a sacar de quicio y me voy a agarrar a trompadas, je. Para mí un año sabático se convirtió en un auto-exilio de 5 años. No siempre sale hacer lo que uno cree que haría si pudiera.
Lo que pasa es que hay gente que no puede entender que uno disfruta estar solo con sus pensamientos sin que la vida "normal" interfiera.

MAXIMOON said...

con un auto es un poco lo que escribió pessoa, es algo que te da libertad pero tb puede ser algo en lo que estás encerrado. el tema es que es lindo caminar de noche fumando y con music, pero hay que hacerlo por zonas transitadas como una avenida. Y estar solo con nuestros pensamientos es algo necesario, pero me queda la sensación de que si vivieramos en el campo sería más fácil hacer eso

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